8 de agosto de 2011
Caminaba por aquel camino que tantas veces había caminado para verte. Como siempre, un toque para que bajaras. Mientras te esperaba nerviosa mire hacia arriba, te encontrabas bajando las escaleras. Me alegraba verte aunque no te lo diga nunca. Estaba nerviosa aunque no lo pareciera, no sabía que impresión podría causarle a tu madre, ¿Cuál fue mi sorpresa? Que pienso que era todo lo contrario a como yo la esperaba. Subimos a tu habitación, donde miles de besos habían sido robados, o más bien dados por amor, te sentaste, me senté sobre tu cama y nos quedamos sin hacer nada. Miré la carta que te había dado al entrar en tu portón, ahí seguía, no la habías leído, sabías que te emocionarías con ella y llorarías. Insistí en que la leyeras, ya que quería ver tu reacción al verla, bastante me había costado hacerla como para no poder darme ese gusto. Empezaste a leerla, me quede mirando el ordenador, te miraba de vez en cuando y tú me mirabas de reojo con gracia y me viraba riendo, sin darme cuenta empecé a sentir algo extraño, me estaba poniendo sensible, así de repente, los ojos se me llenaban de lagrimas y tu no acababas de leer. Acabaste, me miraste y me abrazaste, creo que llegaste a notar que me faltaba muy poco para romper en un llanto, me susurraste un “ Te quiero” no pude responderte, empecé a llorar como una niña, y no podía parar, estábamos a un par de horas de dejar de vernos por 15 eternos días. Al verme llorar lloraste tu también, no me gusta ver a la gente llorar pero fue un momento en el que me encanto verte así, demostraste todo lo que sientes, demostraste ser el mejor novio que jamás he tenido y me siento súper afortunada de haber dado cada paso que he dado a tu lado, cada paso que ha hecho que estemos donde estamos hoy. La perfección no está en ti, la perfección no está en mi, está en el amor que juntos encaminamos, está en esa persona que tu y yo formamos. Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario